Éric Toussaint, presidente del CADTM
La crisis que estalló en EE. UU. en agosto de 2007 todavía no se ha superado y las repercusiones internacionales serán significativas y duraderas. La burbuja inmobiliaria estalló en EE. UU. en el mes de agosto de 2007 y ha sacudido los mercados financieros a nivel mundial. La crisis inmobiliaria se une además a una crisis de la deuda privada en los países más industrializados. Es evidente que esta crisis durará varios años y quizá lo peor no ha llegado todavía.
Los primeros síntomas estaban ahí: el crecimiento desmedido de la construcción inmobiliaria durante varios años |1| (alentado por el descenso de los tipos de interés decretado por la Reserva Federal para encauzar la crisis de 2001-2002) ha desembocado en una superproducción y en un aumento de los precios en el sector inmobiliario que ha tomado formas especulativas. Mientras que el número de compras de vivienda nueva experimenta un fuerte descenso desde comienzos del año 2007, la cantidad de impagos del crédito hipotecario en los hogares aumenta considerablemente. El eslabón más flojo de la cadena del endeudamiento ha cedido. Los organismos financieros que se habían especializado en la concesión de créditos con altos intereses a familias muy endeudadas con ingresos bajos o medios (lo que se llama el mercado del « subprime mortgage ») se han encontrado con dificultades por el aumento del número de impagos (ver recuadro). Y el problema es que no basta con reemplazar ese eslabón flojo para que la cadena pueda impulsar de nuevo el motor económico, es que hay otros eslabones flojos que corren peligro de ceder.
La crisis de las hipotecas de alto riesgo (subprime)
Resumen de un estudio realizado por Wall Street Journal y publicado del 12 al 14 de octubre de 2007
En 2006, el 29% de los préstamos hipotecarios eran de alto rendimiento (es decir, con un tipo de interés alto). Entre 2004 y 2006, de 40,3 millones de préstamos concedidos, 10,3 millones fueron con un tipo de interés alto. Un tipo de interés alto es un tipo de interés como mínimo un 3% superior al de los bonos del Tesoro del mismo periodo. Muchos préstamos concedidos en 2006 con un tipo de interés alto no verán aumentar su tipo de interés fuertemente « hasta » 2008 (afecta a un total de 600 mil millones de dólares). De hecho, para convencer a los clientes de contratar un préstamo hipotecario a un tipo de interés alto y variable, el tipo de interés de los dos primeros años es fijo, y no empieza a aumentar hasta el tercer año. Pero lo peor de la crisis está aún por llegar. Wall Street Journal pone el ejemplo de una gerente de una tienda de fotocopias que en 2006 compró una casa en Las Vegas por 460.000 dólares. En 2006-2007, tiene que pagar mensualidades de 3.700 dólares a un tipo de interés del 8,2%, pero en 2008 las mensualidades se elevarán a 8.000 dólares con un tipo de interés del 14%. Entretanto, con la crisis, su casa no vale más de 310.000 dólares (¡El valor del inmueble ha disminuido más de un 30% en 2007!). Ella ha dejado de pagar y perderá inevitablemente la casa de sus sueños. El estudio de Wall Street Journal muestra que el subprime market mortgage con tipo de interés alto no afecta sólo a las familias americanas con bajos ingresos, sino también a la clase media, como lo muestra el ejemplo precedente. Las sociedades financieras que han concedido préstamos han vendido sus créditos a grandes bancos en forma de títulos. Estos grandes bancos los han comprado en masa y se encuentran con paquetes de títulos que ya no valen gran cosa. En 2004, el 63% de los créditos hipotecarios fueron comprados por los banqueros de Wall Street que, para financiar esta adquisición, emitieron y vendieron billetes del Tesoro (« commercial papers » |2|) a « inversores » de la Bolsa. En 2006, Wall Street compró el 73% de los nuevos créditos hipotecarios de tipo de interés alto.
Los organismos de créditos hipotecarios (como los bancos) han prestado a largo plazo (crédito hipotecario) endeudándose a corto plazo (ya sea con inversores, o en el mercado interbancario en un contexto de tipo de interés históricamente bajo, o vendiendo sus créditos hipotecarios a grandes bancos así como a hedge funds). El « problema » es que han prestado a largo plazo a un sector de la población que experimenta grandes dificultades para devolverlo en un contexto de sobreproducción inmobiliaria que ha provocado una fuerte devalorización de su propiedad (de garantía para el préstamo). Al aumentar el número de impagos, estos organismos finacieros comenzaron a tener dificultades para devolver los préstamos a corto plazo que habían contratado con otros bancos. Estos últimos, para protegerse, rechazaron la concesión de nuevos préstamos o bien exigieron tasas más elevadas. En EE. UU., 84 empresas de créditos hipotecarios han ido a quiebra o han finalizado al menos parcialmente su actividad desde comienzos de año hasta el 17 de agosto de 2007, frente a 17 en todo el año 2006. En Alemania, el banco IKB y el Instituto público SachsenLB, que invirtió en el mercado hipotecario de EE. UU. han sido afectados rápidamente y se han salvado por muy poco. |3|
Pero la cadena no se para aquí; los bancos que habían comprado los préstamos hipotecarios lo hicieron muy fuera de balance creando sociedades específicas llamadas en inglés Structured Investment Vehicles (SIV) |4|. Estas SIV financian la compra de créditos hipotecarios vendiendo commercial papers (ver definición dada anteriormente) a otros inversores. Su beneficio proviene de la diferencia entre la remuneración que ellos pagaban a los compradores de sus commercial papers y la que recibían de los créditos hipotecarios de alto rendimiento transformados en títulos (CDO Collateralized Debt Obligations |5|, ver más adelante).
Cabe señalar que este complicado montaje de deudas y créditos no crea riqueza real (en este caso, la riqueza tiene lugar en la industria inmobiliaria), sino que se trata de operaciones puramente financieras claramente especulativas. La crisis en este montaje mal estructurado conlleva, sin embargo, a la destrucción de riquezas y vidas humanas (quiebra de empresas de construcción, suicidios de personas arruinadas, pérdidas de empleo y embargos de viviendas).
Cuando estalló la crisis en agosto de 2007, los inversores que compraban habitualmente los commercial papers emitidos por las SIV dejaron de comprar ya que tuvieron el sentimiento de que la naturaleza y la credibilidad de las SIV se había deteriorado notablemente. Como consecuencia, las SIV no disponían de liquidez para comprar los créditos hipotecarios « titularizados» y la crisis se agrandó. Los grandes bancos que habían creado estas SIV tuvieron que asumir los compromisos de éstas para evitar caer en bancarrota. Mientras que hasta entonces las operaciones de las SIV no formaban parte de su contabilidad (lo que les permitía especialmente disimular los riesgos que tomaban), algunos grandes bancos de EE. UU. y de Europa tuvieron que volver a introducir en su balance las deudas de las SIV. Entre los principales implicados, podemos citar: Bank of America, Citigroup (el principal grupo bancario mundial), Wachovia o Merrill Lynch, así como Deutsche Bank y UB (Unión de Bancos Suizos). Entre agosto y octubre de 2007, sólo los bancos estadounidenses asumieron al menos 280 mil millones de dólares de deudas procedentes de las SIV |6|, lo que afectó de manera negativa a su resultado. Varios grandes bancos como Citigroup y Merrill Lynch intentaron primero minimizar su grado de exposición al riesgo, pero no pudieron mentir por mucho tiempo ya que sus deudas eran considerables. Como consecuencia, su Director General fue destituido por el Consejo de Aministración, no sin concederle antes un paracaídas de oro. El Director General de Merrill Lynch, Stan O’Neal, obtuvo 160 millones de dólares como indemnización por su retiro anticipado (!).
El endeudamiento de las familias y los impagos en el sector inmobiliario entre otros...
Los procedimientos de embargo de la vivienda de los deudores por impago alcanzó en EE. UU. los 180.000 en julio, el doble que en julio de 2006; y se supera la barrera del millón desde comienzos de año, un 60% más que hace un año. En total, se espera que en 2007 habrá 2 millones de procedimientos de embargo |7|.
La media de endeudamiento de las familias americanas alcanza una cifra extremadamente elevada: el 140% (es decir, que las deudas de las familias representan cerca de una vez y media sus ingresos anuales).
Pocos comentaristas económicos ponen en relacion el número creciente de impagos y el hecho de que los trabajadores americanos trabajan más de media por semana para ganar menos dinero. Es el resultado de la flexibilización/precarización del mercado de trabajo en el contexto de la ofensiva patronal |8|. Una parte significativa de los asalariados norteamericanos ha visto disminuir sus ingresos reales en los últimos años. El aumento de los tipos de interés iniciado en junio de 2004 por la Reserva Federal ha provocado que las mensualidades del crédito hipotecario sean demasiado elevadas con respecto a los ingresos. Además, por otra parte el crecimiento de los impagos no se limita al sector inmobiliario, sino que atañe ahora a los créditos para la compra de vehículos y a las tarjetas de crédito |9|.
Un mismo problema, dos soluciones...
La crisis que estalló en agosto de 2007 ha tomado unas dimensiones espectaculares tanto en EE.UU. como en Europa. « El viernes 10 de agosto se produjo en Europa y en EE. UU. algo inaudito: en 24 horas, los bancos se volvieron lo suficientemente desconfiados los unos de los otros como para rechazar cualquier préstamo, sea cual sea, obligando a los bancos centrales a realizar intervenciones masivas. En cuatro días, hasta el 14 de agosto de 2007, el BCE tuvo que proporcionar al mercado cerca de 230.000 millones de euros de liquidez. » |10| La Reserva Federal de EE. UU. ha reaccionado de la misma manera. La acción enérgica de las autoridades monetarias estadounidenses y europeas ha permitido evitar la multiplicación de quiebras.
Cabe destacar la diferencia abismal entre la reacción de las autoridades políticas y financieras de EE.UU. y de los países europeos frente a la crisis de liquidez comenzada en agosto de 2007 y las medidas impuestas a las autoridades indonesias por el FMI, apoyado por estos mismos gobiernos en el momento de la crisis asiática de 1997-1998. En el primer caso, las autoridades estadounidenses y europeas han salvado a los bancos proporcionandoles liquidez, mientras que en Indonesia, el FMI provocó que decenas de bancos se declararan en bancarrota al rechazar que el Banco Central indonesio o el mismo FMI prestarles liquidez. Esto se convirtió en un desastre social y en un aumento enorme de la deuda pública interna ya que el estado indonesio se hizo cargo de las deudas de los bancos privados en bancarrota. Otra diferencia es que, frente a la crisis comenzada en agosto de 2007, las autoridades monetarias de EE. UU. han bajado los tipos de interés (como lo hicieran ya entre 2001 y mayo del 2004), mientras que el FMI exigió al gobierno idonesio aumentar los tipos de interés, lo que agravó considerablemente la crisis |11|. Un mismo problema, dos soluciones...
Efecto de contagio internacional
En septiembre del 2007, el efecto de contagio internacional de la crisis de EE. UU. se hizo aún más evidente cuando un importante banco británico: el Northern Rock, especializado en los préstamos hipotecarios, se encontró de repente en la incapacidad de hacer frente a sus obligaciones.
Este banco tomaba préstamos a corto plazo en el mercado interbancario y prestaba a largo plazo en el mercado inmobiliario. Ahora bien, la crisis de desconfianza entre los bancos ha acarreado un aumento repentino del tipo de interés interbancario (el LIBOR, London interbank offered rate). Esta situación ha afectado directamente al Northern Bank, que ha visto aumentar sus costes de empréstito de manera imprevista. El Banco de Inglaterra salvó a Northern Bank de la quiebra prestándole la liquidez que le faltaba. Pero eso es sólo una parte, el Northern Bank está actualmente en venta.
La crisis inmobiliaria se une a la crisis de la deuda privada
La crisis no se limita al sector inmobiliario, afecta también directamente al mercado de la deuda. A lo largo de los últimos años, ha aumentado considerablemente la deuda privada de las empresas y los nuevos productos financieros derivados, concretamente los Credit Default Swaps (CDS). El comprador de un CDS lo que pretende al comprarlo es protegerse del riesgo de impago de una deuda. El mercado de los CDS viene desarrollándose fuertemente desde 2002. El volumen de las cantidades que se mueven de los CDS se ha multiplicado por 11 en los últimos cinco años |12|. El problema es que estos contratos de seguro se venden sin el control de las autoridades públicas. La existencia de estos CDS ha llevado a las empresas a tomar cada vez más riesgos. Los prestamistas, creyendo estar protegidos contra los impagos, conceden préstamos sin comprobar la capacidad del prestatario de hacer frente al préstamo. Ahora bien, si la situación económica internacional se deteriora, centenares o incluso miles de organismos prestatarios corren el riesgo de declararse de inmediato insolventes y los CDS se arriesgan a no ser más que unos papeles sin valor, ya que las aseguradoras serán incapaces de cumplir su compromiso.
Los SIV de los que hemos hablado anteriormente se han especializado en la venta de CDO (Collateralized debt obligations) de los que muchos inversores tratan de deshacerse desde agosto de 2007. Finalmente, en 2006-2007, numerosas empresas se han lanzado a realizar operaciones de recompra de otras empresas financiándolas con el endeudamiento. Esto es lo que se llama las LBO (Leveraged buy-out), que podría traducirse por « recompra de empresa financiada por el endeudamiento ».
En definitiva, en estos últimos años, se ha construido un enorme castillo de naipes con las deudas acumuladas. Este castillo se está desmoronando y los bancos centrales de los países más industrializados están intentando tapar las grietas y construir andamios para evitar lo peor. Quizá consigan frenar los daños, pero de todas maneras éstos serán significativos.
Ya está en marcha el mecanismo de varias bombas de relojería
En la conclusión del capítulo 5 del libro La finance contre les peuples, La Bourse ou la Vie, escrito en 2003 y publicado en 2004, se planteaba la cuestión de saber si la crisis de 2001-2002 en EE. UU. iba a tener repercusiones en el futuro:
« Veinte años de desorden y liberalización de los mercados a nivel mundial han acabado con todas las alambreras que habrían podido limitar los efectos en cascada de crisis como la de Enron y Cía. El conjunto de empresas capitalistas de la triada [América del norte, Europa occidental y el sudeste de Asia] y de los mercados emergentes ha evolucionado, algunos ciertamente con características propias del mismo modo que en EE. UU. Las instituciones bancarias y financieras privadas (así como las aseguradoras) del planeta se encuentran en una mala situación, han adoptado prácticas cada vez más arriesgadas. Todos los grandes grupos industriales han conocido una financiarización muy marcada y ellos mismos son muy vulnerables. La cadena de escándalos ha mostrado la vacuidad de las afirmaciones de los dirigentes de EE. UU. y de sus aclamadores por los cuatro costados del planeta.
En todas las economías del mundo está en marcha el mecanismo de varias bombas de relojería. Podemos citar algunas como: el sobre-endeudamiento de las empresas y de las familias, el mercado de los derivados (que, según la expresión del multimillonario Warren Buffet, son « armas de destrucción masiva» – « financial weapons of mass destruction »), la burbuja de la especulación inmobiliaria (que es la más explosiva en EE. UU. y Gran Bretaña), la crisis de las compañías aseguradoras y de fondos de pensión... Ya es hora de desactivar estas bombas y de pensar en otro sistema tanto en EE. UU. como en el resto. Evidentemente, no será suficiente conformarse con desactivar las bombas y soñar con otro mundo mejor, hay que profundizar en el fondo del problema y distribuir la riqueza sobre la base de una justicia social. » |13|
De la crisis de 2000-2001 a la de 2007
Antes del estallido de la burbuja especulativa informática de 2000-2001 en EE. UU. y otras partes del mundo, los economistas y los políticos aclamadores de los beneficios del capitalismo en su fase neoliberal (apoyados por una armada de periodistas especializados en finanzas) afirmaban ineludiblemente que no había ninguna crisis a la vista. Al contrario, según ellos el capitalismo de EE. UU. había encontrado la fórmula del crecimiento permanente ausente de crisis. Pero se han desengañado con la recesión que afectó a EE. UU. en 2001 y con el notable descenso de los precios del mercado.
Una vez que el crecimiento había vuelto, los mismos se creyeron que el capitalismo había encontrado la fórmula para repartir los riesgos causados por una fuerte emisión de deudas al crear justamente los CDS (Credit Default Swaps). Son numerosos los artículos y declaraciones tranquilizadores en cuanto al reparto de los riesgos.
Sin embargo, los organismos oficiales como el Banco de reglamentos internacionales (BRI), el FMI y el Banco Mundial sabían muy bien que se jugaba con fuego. Los informes de estas instituciones publicados antes de la crisis de agosto contienen escenarios que no excluyen la posibilidad de una crisis |14|, pero el principal mensaje que querían transmitir era que, efectivamente, gracias a la nueva ingeniería de los títulos de la deuda, los riesgos se habían repartido y los principales incidentes se habían excluido. Así, dos meses antes del estallido de la crisis, el BRI escribió en junio su informe anual de 2007:
« Los episodios de turbulencias han podido reflejar el nerviosismo latente de algunos funcionarios que temían una subestimación de los riesgos debida a una coyuntura favorable. Sin embargo, para un futuro próximo, son pocos los que se preocupan más allá de una degradación repentina y generalizada de la calidad de las firmas » |15|.
La crisis que se desató en agosto debería despertarles.
Llueven las críticas sobre chivos expiatorios. Según Financial Times, el Secretario de Estado del Tesoro de EE. UU., Hank Paulson, declaró que « la conducta de ciertos corredores de créditos hipotecarios era vergonzosa » y « ha reclamado una regulación normativa del sector » |16|. En cuanto a los periódicos financieros, son pocos los economistas que expresan, como Wolfgang Münchau, una crítica a la política del gobierno de Washington y de la Reserva Federal. Así, escribe: « Creo que el crecimiento fulminante de los productos derivados en el sector de la deuda y de las CDO entre 2004 y 2006 fue a causa de la política monetaria global llevada a cabo entre 2002 y 2004 » |17|. Y añade que: « El canal por el que los tipos de interés reales negativos pueden convertirse en la burbuja de la deuda quedará abierto ».
Del lado de los grandes bancos y otros organismos financieros privados, es emocionante, incluso el zafarrancho de combate; en el seno de algunas direcciones (como Citigroup y Merrill Lynch), es la guerra abierta. El Instituto Internacional de Finanzas (IIF, sus siglas en inglés), una organización internacional que agrupa a 800 bancos y otras instituciones financieras (entre ellas, los bancos más grandes), abrió paso el 11 de octubre de 2007 con una extensa carta |18| dirigida al FMI y a los principales bancos centrales, que diagnostica una crisis y pide a las autoridades bancarias públicas supervisar mejor el sector financiero privado internacional.
El extremadamente neoliberal Comisario europeo de mercado interior, Charlie McCreevy, no tiene pelos en la lengua: denuncia « los préstamos concedidos de manera irresponsable, la inversión disparatada, la mala gestión de la liquidez, los excesos de calificación. ... Nadie puede estar orgulloso de las bajezas que ha revelado esa crisis de la deuda » |19|. Sin embargo, según Financial Times « el Comisario europeo, uno de los mayores defensores del pensamiento del libre mercado, está en guardia contra la voluntad de regular, ya que considera que las reglas que imponen la transparencia pueden tener un efecto perverso al infundir el pánico y la ausencia de toda razón moral en el sistema ». |20| Evidentemente no hay que contar con que la Comisión europea o el gobierno de Washington anuncie medidas firmes con respecto a las grandes empresas financieras responsables de la crisis.
Las medidas tomadas por Washington: ¿es la solución?
Las medidas tomadas por las autoridades estadounidenses (especialmente la bajada de los tipos de interés en septiembre y octubre de 2007), aunque atenúan momentaneamente el choque de la crisis, no constituyen una solución. En cierto modo, la bajada de los tipos de interés alivia la crisis, pero la prolonga ya que retrasa los plazos. De hecho, la crisis del sector inmobiliario ha arrancado de manera evidente y sus repercusiones se harán notar en el futuro. ¿Por qué esto es así? A continuación se muestran algunas razones presentadas de manera esquemática:
1. En EE. UU. hay una auténtica sobreproducción de viviendas con respecto a la demanda.
2. Hay muchas obras en proceso de realización. En los meses y años venideros, habrá cientos de miles de nuevas viviendas en el mercado, puesto que su construcción ya ha empezado. Para una empresa de construcción es muy difícil abandonar sin más una obra empezada. En resumen, estas nuevas construcciones van a aumentar aún más la oferta en un mercado deprimido. Una caída de la producción en la construcción tendrá consecuencias duraderas en el resto de la economía: despidos y disminución de la demanda a los diferentes proveedores de materiales de construcción.
3. Durante años, una parte de la tendencia de las familias a consumir era sostenida por el « efecto riqueza ». De hecho, el valor del patrimonio de las familias propietarias de viviendas y de acciones en bolsa aumentó gracias a la notable subida de los precios en el sector inmobiliario y a la remontada de los precios de mercado (después de la ruina de 2001). El efecto contrario está en marcha: el valor del patrimonio inmobiliario se encuentra en un fuerte descenso y los mercados bursátiles van mal. Existe el riesgo de que las familias reaccionen disminuyendo su consumo, lo que amplificaría la crisis.
4. Los grandes bancos, los fondos de pensión privados, las aseguradoras y los hedge funds tienen en sus cuentas una elevada cantidad de créditos de cobro dudoso. Desde el mes de agosto de 2007, instituciones como Citigroup, Merrill Lynch o UBS han intentado constantemente minimizar las pérdidas que declaraban, pero éstas tuvieron que anunciar en varias ocasiones nuevas pérdidas, lo que provocó una caída de sus acciones en bolsa y la expulsión de muchos de sus directivos. Con toda certeza, se verán afectadas otras instituciones. No se descarta (seamos prudentes) que las instituciones financieras entren en una situación parecida a la que conocieron los bancos japoneses cuando estalló la burbuja inmobiliaria a mediados de los años 80. Les hizo falta una veintena de años para sanear su balance.
5. Ciertamente, el descenso continuo del dólar favorece las exportaciones de EE. UU. y permite al gobierno pagar la enorme deuda externa con dólares devaluados. Pero este descenso sólo tiene ventajas. El dólar desvalorizado hace que la compra de Bonos del estado y las inversiones en bolsa sean mucho menos atractivas para los extranjeros que colocan sus capitales en grandes cantidades en EE. UU. Hay un menor riesgo de que entren capitales (necesarios para acabar con el déficit), y la salida de capital es susceptible de aumentar. El gobierno de Washington y la dirección del Banco Central se enfrentan a un verdadero dilema. Si continúan bajando los tipos de interés, el resultado es contradictorio: reducen el riesgo inmediato de quiebra y atenúan la amplitud de una caída del consumo, pero hacen mucho menos atractivas las inversiones en EE. UU. y disminuyen la presión en favor del saneamiento de la contabilidad de las empresas y las familias. Y al contrario, si aumentan los tipos de interés, el resultado será opuesto: las inversiones en EE. UU. aumentarán su atractivo, pero caerá el consumo de las familias y aumentarán las dificultades de liquidez de las empresas.
Notas:
|1| El número de viviendas nuevas propuesto cada año pasó de 1,5 millones en 2002 a 2,3 millones en enero de 2006. En 2005, la industria de la construcción fue responsable del 6,2% del PIB, el porcentaje más elevado desde 1950.
|2| Los commercial papers norteamericanos son títulos de deuda negociables emitidos por los bancos u otras empresas al mercado financiero por un corto periodo (de 2 a 270 días). Estos títulos de deuda no están garantizados por ninguna parte (propiedad inmobiliaria, por ejemplo). Se basan en la confianza que el comprador del commercial paper tenga en el banco o empresa que lo vende.
|3| Véase Isaac Johsua, Nota sobre L’éclatement de la bulle immobilière aux Etats-Unis, septiembre de 2007.
|4| « Structured Investment Vehicles (SIVs) son compañías que operan fuera de balance y que son establecidas por bancos y gestores de activos para reforzar las inversiones principalmente en bonos y obligaciones, con garantía múltiple de diversos tipos. El único propósito es explotar la diferencia entre deudas de bajo coste y corto plazo y las inversiones de mayor rendimiento y largo plazo » (Financial Times, 16 de octubre de 2007)
|5| CDO Collateralized Debt Obligations : es un una inversión con una cierta seguridad avalada por bonos, préstamos y otros activos. Los CDOs no están especializados en un tipo de deuda, pero muchas veces son créditos u operaciones no hipotecarios.
|6| Financial Times, 17 de octobre de 2007.
|7| Idem.
|8| Se trata de la política oficial que quiere llevar a cabo Nicolas Sarkozy en Francia o el gobierno de « l’orange-bleu » en Bélgica: « permitir a los trabajadores que trabajen más horas, durante más años, para ganar más dinero ». Tal y como se demuestra en EE. UU., en realidad se conduce a los trabajadores a trabajar más tiempo, pero su salario real por hora disminuye, o incluso el salario total.
|9| Financial Times, 22 de octobre de 2007
|10| Véase Isaac Johsua, op. cit.
|11| Para una presentación de la crisis asiática, véase Eric Toussaint, La Finance contre les Peuples. La Bourse ou la Vie, 2004, capítulo 17. Para un análisis del caso indonesio, véase también Banque mondiale, le Coup d’Etat permanent, 2006, capítulo 9 sobre Indonesia. Las recetas del FMI para los PED propuestas para resolver las crisis financieras (de las que él es responsable) que provocaron justamente la quiebra de los bancos y el aumento de los tipos de interés, han sido aplicadas a un gran número de casos entre los que se pueden coger algunos emblemáticos como el de Méjico en 1994-1995, los de Indonesia y Tailandia en 1997-1998, o el de Ecuador en 1998-1999.
|12| Banco Mundial, Global Development Finance 2007, Washington D.C., pp. 83-84.
|13| Conclusión del capítulo 5 de Eric Toussaint, La Finance contre les Peuples. La Bourse ou la Vie, CADTM- Syllepse – Cetim, Liège-Paris-Genève, 2004, p. 157.
|14| Véase en especial el informe anual de la BRI publicado en junio de 2007, capítulo VIII: Conclusión.
|15| BRI, 77º Informe Anual, junio de 2007, Basilea, p. 121. El subrayado es del autor.
|16| Financial Times, 19 de octobre de 2007.
|17| Financial Times, 15 de octobre de 2007.
|18| Disponible en la página del IIF: www.iif.com
|19| Citado por Financial Times, 26 de octobre de 2007.
|20| Idem.